viernes, 21 de agosto de 2009

Ébano.

En su breve historia, muchos países africanos viven de esta manera su segunda etapa. La primera ha consistido en una descolonización rápida, en conseguir la independencia. Optimismo, entusiasmo y euforia se adueñaron de todo el mundo. La gente estaba convencida de que la libertad significaba un techo mejor encima de su cabeza, un cuenco de arroz más grande y unos zapatos, los primeros en la vida. Que se produciría un milagro: la multiplicación del pan, de los peces y del vino. No se produjo nada de esto. Todo lo contrario: aumentó vertiginosamente la población, para la cual faltó comida, escuelas y trabajo. Decepción y pesimismo no tardaron en reemplazar al optimismo. Toda la amargura, rabia y odio se dirigieron hacia las propias elites, que, voraces, se dedicaban a llenarse los bolsillos lo más deprisa posible. En un país que no tiene una gran industria privada, donde las plantaciones pertenecen a extranjeros y los bancos también son propiedad de capital extranjero, una carrera política es la única posibilidad de amasar una fortuna.
En resumen: la pobreza y la decepción de los de abajo y la codicia y la voracidad de los de arriba crean un ambiente emponzoñado y minado que el ejército olfatea; presentándose como defensor de los humillados y ofendidos, abandona los cuarteles y alarga la mano para tomar el poder.



Ryszard Kapuscinki (Ébano)

sábado, 15 de agosto de 2009

Cabreo.

“Estuve cabreada con el mundo varios días”. Me dijo “verde menta” (Blanca) cuando me dejó el libro “Gomorra” para que lo leyera. Chica con buenos sentimientos.
Además de leer la novela de Roberto Saviano, he visto seguidamente la película de Matteo Garrone basada en aquella.
Hasta donde me llega la memoria, siempre he estado cabreado con lo que me rodeaba. Cuando era adolescente sentía una opresión en el pecho cuando veía que se cometía algo injusto a mi alrededor. He de aclarar que por aquel entonces mi alrededor consistía en mí mismo.
Con el tiempo, debido entre otras cosas a las influencias y a lo que uno hace con ellas, uno va ampliando su campo de sufrimiento a horizontes un poco más alejados que el propio. Y ya cree que su ombligo no es el único ombligo existente. O, por lo menos, lo intenta. Aunque alguna vez hay recaídas y conviene sacar el centro de la tripita a pasear. Y comprobar así cómo hay personas que están peor que uno.
Podría poner muchos ejemplos de cabreo adquirido mediante el arte. Y otros adquiridos mediante la observación. Sin contar con el cabreo consigo mismo. El más mortífero de los enfados. He ahí la consecuencia de la inseguridad.
Películas como “En el mundo a cada rato”, “Los invisibles”, “Las tortugas también vuelan” de Bahman Ghobadin; documentales como “La pesadilla de Darwin de Hubert Sauper, “El tren de la memoria” de Marta Arribas y Ana Pérez… hacen del mundo audiovisual un vehículo perfecto cuyo destino es la exasperación y algo de comprensión.
Libros como el anteriormente citado o reportajes como el de El País Semanal de este domingo de la escritora Laura Restrepo y Médicos Sin Fronteras “Testigos del horror: Las reinas de Saba”… hacen del lenguaje escrito un medio más que idóneo para ver el sufrimiento ajeno.
Uno tiene la sensación que puede hacer más de lo que hace. De ahí que crea que el tren de la felicidad ha parado en una estación y no he querido subir en él. Imposible ser feliz en un mundo como este. Y, para colmo, uno mismo vive en él.
Lo malo del cabreo es que, para mitigar los efectos, con alguien tienes que desahogarte.
Y ahí está la dificultad. Cómo soltar lastre y lo recoja el que te rodea. Pues de ninguna manera. No se puede cargar a nadie con tu peso. Como mucho, sueltas alguna que otra opinión, alguna matización a ser posible enmascarada con la ironía, pero crees que has soltado peso en el vacío.
Quizá sea eso, acostumbrarse a la soledad.
A una soledad cabreada.

domingo, 9 de agosto de 2009

Para Silvio.

LA CHICA DE IPANEMA

Mira que chica mas linda, mas llena de gracia
es esa muchacha, que viene y que pasa
con su balanceo, camino del mar
Ella de cuerpo dorado, del Sol de Ipanema
y su balanceo, es todo un poema
y nunca me mira siquiera al pasar.
Ay, yo me siento tan solo. Ay, yo me siento tan triste.
Ay, la belleza que existe, la belleza que no es solo
suya, y que sueño que quizas me arrulle.
Oh! si ella supiera que cuando ella pasa
el mundo sonriente, se llena de gracia
con su balanceo camino del mar.

viernes, 24 de julio de 2009

Copenhague.



A través de las ventanas sin persianas del salón de una casa situada en Svanemollen, veo una bicicleta pasar. No sé por qué me produce una sensación melancólica.

Con ritmo tranquilo, una muchacha se dirige quién sabe a qué destino.

Quizá vaya a comprar a la tienda cercana de su casa, donde unos argelinos venden, desde las especias más exóticas hasta los productos más comunes. Como por ejemplo, unas frambuesas que ella sabe mezclar, con sabiduría de gourmet, con jengibre y zumo de naranja y, todo ello, se convierte en un maravilloso batido.

Otra opción puede que sea ir a la entrada de la estación más próxima, donde dejará su bici aparcada –junto a decenas más- y se subirá al moderno tren sin conductor rumbo a Norreport.

Posiblemente haya quedado con sus amigos en Kongens Have –los jardines que rodean el castillo-palacio de Rosenborg. Ahí dentro está la Cámara del Tesoro. Contiene las actuales joyas de la Corona. El simple tintineo de la pulsera de una niña, hace que el guardia de seguridad diga con amabilidad, que se la quite para no hacer saltar la alarma.

Quizá vaya por el carril-bici hasta la Plaza del Ayuntamiento, sus amigos a veces eligen para quedar un bar gay de la esquina. Su especialidad es endulzar muy bien el café con un sorprendente azúcar.

O puede que entre en el Tívoli -uno de los parques de atracciones más famoso del mundo- donde asista al estreno de la obra de danza “El porquerizo” de Hans Cristian Andersen. La reina Margarita II, que saludará al final de la obra junto a los actores, ha diseñado el vestuario –incluso el de los cerditos-.

Otra posibilidad es que, después de dejar la bici cerca de la parada, suba al autobús A1

-el conductor lo detiene cuando va adelantado- y baje cerca de la plaza donde se encuentra la residencia de la reina.

Si pregunta al guardia de traje azul –si va de currante-, o rojo –si va de fiesta-, le mostrará en cual de esos palacios vive la familia real. Si espera un poco, verá salir al coche número 12, propiedad de la realeza. No levantará el brazo puesto que no es un taxi y no creo que, pese a la belleza de la muchacha, esté dispuesto el chofer a llevarla al próximo destino.

Éste no es otro que Nyhavn. Pero antes habrá contemplado el edifico de la Ópera

- regalito a la ciudad del empresario naviero Marsk Mc-Kinney Moller.

Ya en el canal, viendo como algunas personas recogen las latas vacías para sacar unas coronas cuando las reciclen en la tienda, -no todos tienen tanto dinero como el barquero-, es posible que cene en una terraza. En mitad de la cena, el camarero -a su lado uno lo ve como en contrapicado- encenderá unas estufas para calentar el ambiente. También tienen a disposición de los clientes más frioleros, unas mantas. A veces no viene mal echárselas por encima de las piernas.

De día se puede zarpar, desde este punto del canal, para dar un paseo en barca por los canales de la ciudad. Pueden hacerse fotos con mucha facilidad y luego pueden borrarse todas, también con mucha facilidad. Fotos a la Sirenita -aunque sea de espaldas- a la Ópera, al barco de la familia real, al museo naval, a la réplica del David de Miguel Ángel, a las casitas que dan al canal con sus barquitos aparcados, a la iglesia de Nuestro Salvador con su subida exterior a la torre, a los puentes que rozan las cabezas de los turistas, a la casita donde vivió Andersen… todas, todas borraditas. Sin fotos digitales ni de carrete, queda el recurso de la foto cerebral.

Si la muchacha que conduce la bicicleta soporta o es partidaria de la contracultura, se dirigirá a Christiania. Allí encontrará una forma de vivir impensable para mentes cerradas. Creemos que sólo se puede vivir como vivimos nosotros. Como si esta fuera la mejor forma. El que desprecia lo que desconoce está condenado a vivir encerrado en su ilusorio paraíso de cristal.

Además, si pasea por los senderos de este mundo hippie y anárquico se encontrará con juegos infantiles evocadores de una infancia cada vez más lejana: un columpio colgado con sogas a un árbol, -donde algún adulto paciente columpiará a alguna niña sonriente- un gran tronco de árbol por donde los niños pueden pasar creyéndose Indiana Jones, laberintos de arbustos, etc. Después de la diversión infantil, podrá abrir el apetito con unas frambuesas y también con unos frutos más ácidos que la madre que los parió. Cenará con sus acompañantes en el jardín de un restaurante de vegetales ecológicos.

Volviendo a la democracia establecida, la joven quizá encamine su bici a la calle Stroget. La que dicen es la calle peatonal más grande del mundo. Payasos y caracterizaciones varias amenizan el ambiente concurrido de este lugar lleno de tiendas.

En una de ellas podrá comprar la pelota que se abre al lanzarla con tiempo establecido por el usuario. Me niego a explicar el mecanismo.

¿Y si es fuera de la capital dónde se dirige? Pues meterá la bicicleta en el tren e irá a Hillerod. En este pueblo hay uno de los castillos o palacios más espectaculares de Dinamarca: el de Frederiksborg. En su interior solamente se pueden visitar unas setenta u ochenta habitaciones. Si va acompañada de algún niño, es posible que en la quincuagésima cuarta sala, la criaturita ya se vaya cansando. Después será difícil aguantarla y poder pasear por los impresionantes jardines que embellecen el castillo.

Si sigue en los alrededores de Copenhague, quizá le apetezca visitar el Frilandsmuseet.

Un museo etnográfico al aire libre donde puede verse cómo vivían los daneses en el pasado. Decenas de casitas trasladadas piedra a piedra desde diferentes lugares de Dinamarca.

Cuando una trabajadora del museo vaya cerrando las casitas, se puede apurar la visita con la estrategia del pillo-pillo.

Otro destino a elegir, bien podría ser, en el barrio de Hellerup, una antigua planta embotelladora de cerveza convertida en museo de ciencias: Experimentarium.

Se puede experimentar con muchos objetos y poner a prueba la inteligencia humana.

Asombra ver como, con tres piezas, algunas personas son capaces de juntarlas y formar una sola. Otras tendríamos que darle con el martillo y el cortafríos para formar algo parecido.

No sé adónde irá la muchacha dándole a los pedales -cualquier destino es bueno en Copenhague- pero yo, una vez afeitado y con la cara impregnada de masaje sensual, cojo una bici, de las varias que hay en la puerta de la casa, y me voy detrás de ella.

La alcanzaré y le preguntaré adónde se dirige. Me contestará sonriendo. Es la ventaja de compartir el mismo idioma.

lunes, 13 de julio de 2009

¡A Dinamarca!







Esta es una representación gráfica de algunas de las coronas danesas que gastaremos en Copenhague.
Allí nos espera "verde menta". ¿Se acuerdan ustedes de ella? Fue la que me dio la idea de crear un blog. Ella actualmente tiene el suyo un tanto paradillo. Supongo que cosas más interesantes le ocupan el tiempo. Yo también me estoy planteando cerrar este canal de comunicación; no se si por falta de rentabilidad social, por la sensación de soledad, por desgana o porque a partir de ahora tengo la intención de pasar más tiempo en la calle. Como dice "El mecánico del Swing" en una canción: A la calle, a la puta calle, cuando se chapa el último bar la vida está en la calle. Es posible que todo quede en buenas intenciones. Ya se sabe que a éstas, a las intenciones, hay que darles un empujoncito para que se conviertan en realidades. Bueno, ya se verá. Soy poco dado a las ilusiones valdías.
En todo caso, hasta la vuelta.

jueves, 2 de julio de 2009

La imagen.


A poco que se observe la realidad se verá que vivimos en la sociedad de la imagen. Se puede subir al Everest con un brazo atado a la espalda y a la pata coja y, si no hay un periodista que airee la noticia, la “gesta” pasará desapercibida y el montañero idiota no recibirá su momento de gloria mediática.

El Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo (Plan E) que ha puesto en marcha el gobierno para, entre otras cosas, estimular la creación de empleo (11.000 millones de euros destinados para este contexto) ha puesto las ciudades y pueblos de España “patas arriba”.

Exigido por el Ministerio de Administraciones Públicas, para todas las concesiones que se otorgan bajo el nombre de Plan E y recogido en el BOE con fecha 14/01/09, la información será recibida por los ciudadanos si leen los enormes carteles publicitando las actuaciones.

Y es que además de ser bueno hay que parecerlo.

Dejo para otro momento… o para nunca, algún comentario sobre la ayuda pública a empresas constructoras que otrora tuvieron beneficios “Everísticos” y ahora se acogen a este “rescate” público. Todo sea porque al currante no le falte el empleo. Incapaces, como somos… o como no queremos, de cuestionar el actual modelo económico y debatir sobre alguno alternativo.

Vaya, ya he hecho un comentario. ¡Si es que soy un bocas! No lo publiciten ustedes mucho.



lunes, 22 de junio de 2009

El primer día del resto de tu vida.

Siempre me he preguntado que habría pasado si hubiera tenido otros padres. Estoy seguro de que sería alguien completamente diferente, ¿pero quién? La vida familiar es aquello que nos define como personas y de lo que tanto queremos liberarnos. Un lugar donde todo es impartido, pero también un lugar lleno de callejones sin salida. ¿Pero podemos elegir lo que heredamos? ¿Qué papel juega la familia en nuestra trayectoria personal? ¿Y sobre qué podemos decidir?

Rémi Bezançon (Director de la película “El primer día del resto de tu vida”.