martes, 25 de mayo de 2010
jueves, 13 de mayo de 2010
Tijeretazo.
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Hay algo que
me entretiene más que a un gato un ovillo de lana: la justificación para una
conducta o vivencia humana. Una de las que más: la realizada a través la resignación.
¿Se ha
muerto un familiar? Sí, pero ha sido rápido y no ha sufrido y, además, era muy
mayor y ya se sabe, ¡es ley de vida! Trabajo por un sueldo miserable y
aguantando al prepotente de turno sí pero, ¡por lo menos tengo trabajo, y no es
poco con los tiempos que corren!
Este comentario
viene a cuento por el “tijeretazo de Zapatero”; así es como llaman algunos
medios de comunicación a las recientes medidas adoptadas para reducir el
déficit público español.
En este
cursillo acelerado de Corte y Confección, entre otras asignaturas, está la de
reducción de 600 millones de euros para la Ayuda Oficial al Desarrollo, -ya
sabemos quién va a suspender-.
“España no alcanzará la meta del 0,7
en ayuda al desarrollo para el 2012” transmite Europa Press.
"Esta crisis económica indudablemente
hace reprogramar el calendario", reconoció la secretaria de Estado de Cooperación
Internacional, Soraya Rodríguez.
Justifiquemos: La ayuda al desarrollo suponía el 0,23 por
ciento de la Renta Nacional Bruta (RNB) cuando Zapatero llegó a La Moncloa en
2004, "un 0,23 por ciento que se mantuvo intacto durante los ocho años
anteriores de Gobierno del Partido Popular, años de crecimiento económico, de
milagros económicos, según algunos", indicó Rodríguez.
Continuemos
justificando: La política de cooperación
de Zapatero, insistió, ha permitido que en 2009 la AOD española esté en el 0,47
de la RNB, situando a este país "por encima de la media de la UE",
del 0,42, y como sexto donante de la comunidad internacional.
Y el colmo
de la justificación: “España no redujo su
presupuesto para AOD en 2009, mientras que otro gran donante como Alemania
registró una disminución del 12 por ciento”.
No tiene uno
porque dudar de estas cifras y tampoco de la buena voluntad de los socialistas
para intentar conseguir ese nivel de ayuda (7 euros por cada mil ingresados)
pero, cuando había una economía creciente ¿qué excusa se ponía para no
alcanzarla?
No lo dicen
los políticos gobernantes de turno pero fíjate que a mí me apetece decirlo, probablemente
porque no tengo intención inmediata de comparecer ante las urnas: ¡A la mayoría
de los votantes le trae sin cuidado la ayuda que no sea para sí mismo!
Resignémonos
y, poco a poco, volveremos a las cavernas. Los posibles receptores de la Ayuda
Oficial al Desarrollo, ya lo están.
jueves, 8 de abril de 2010
Poder judicial.
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jueves, 25 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
Defensa de la emoción.
“Llegó a los cines el melodrama francés El concierto, que se permite la brutal
transgresión estética de colocar íntegro el concierto de Tchaikovski para
violín y orquesta interpretado por personajes a los que quieres y te emocionan.
Vayan con cuidado porque para la inteligencia mundial emocionarse hoy en una
expresión artística es sinónimo de cursilería”.
Escribía hoy, en el
diario El País, David Trueba a propósito de la película El Concierto.
Y es que cuando la
emoción coge la batuta, hace callar a la razón. Por unos momentos sientes, así,
nada más y nada menos. Resulta imperdonable que veamos –o incluso ni eso- pasar
la vida despreciando las posibles emociones. Emocionarnos hace aparcar la
realidad. Después, ésta, pisa el acelerador echándonos hacia atrás el flequillo
(el que lo tenga), así que se agradece el estacionamiento momentáneo.
“Una película imperfecta pero recomendable”, decía otro crítico en la radio.
Primero habría que ponerse
de acuerdo en cuáles son los parámetros que hacen valorar a una película como
perfecta; después ponerles una puntuación a cada uno de ellos, y luego –y he
aquí lo más importante- desestimar todo, puesto que haber quién es el que se
cree perfecto para valorarla.
Pero bueno, no seamos
tan tiquismiquis, supongo que se refiere a que no es una película “redonda” ni “una
obra maestra”.
Por mi parte, me trae
sin cuidado que no sea maestra, con ser una obra que me emocione me conformo. Y
eso sí lo consigue “El Concierto” de Radu Mihaileanu. Director también de
“Vete y vive” y “El tren de la vida”.
“Flashbacks innecesarios,
narrativa convencional y previsible” son otras de las opiniones de críticos. Algunas
veces por mis limitaciones y otras porque me pilla el cuerpo así, no veo los
supuestos errores de una película.
No me acuerdo si ya he comentado en otras ocasiones -ya perdonarán si así es- el efecto que produce
sobre mí (emoción) la unión entre imagen y música.
“Hoy se agradece que cierta
gente nos recuerde que en el imperio de los ojos, el oído también se merece
algún placer”. Termina su artículo Trueba.
Pues eso, si pueden vayan a verla.
jueves, 11 de marzo de 2010
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